Nadie nace enseñado, esto es evidente. Y hay que aprender de todo y de todos. Y el mundo del caravaning no es una excepción.
Cuando decidimos comprarnos una caravana o autocaravana y nos lanzamos ufanos a estrenarla en la primera acampada, no sé si somos realmente conscientes de que acabamos de introducirnos en un mundo bastante más complejo de lo que imaginamos. ¡Hay tanto que aprender y tan poco lo que nos enseñan cuando nos venden el elemento de acampada!
No todo el que se compra una tiene experiencia en ese mundillo. Y muchos vendedores, por desgracia, después de cerrar una venta, poco informan al nuevo usuario sobre las cosas más básicas a tener en cuenta antes de salir de casa con nuestra flamante caravana o autocaravana. Y no es que a nosotros, cuando nos compramos la primera caravana no nos orientaran un poco, que sí lo hicieron, pero también es verdad que nadie nos habló de la toma de enchufe “europea”. Actualmente está prácticamente normalizada en todos los camping, pero hace más de treinta años el panorama era diferente. Así que cuando llegamos al camping de Viena, en nuestro primer viaje "largo", nos encontramos con la sorpresa de no poder enchufar. Menos mal que en el camping vendían los terminales y pudimos capear el temporal, pero no siempre se tiene la suerte de pillar un camping que venda ese tipo de cosas.
En fin, que estaría bien que nos entregasen una lista de todas las cosas que hay que llevar para que las vacaciones sean plenamente satisfactorias. Y, por supuesto, también sería deseable una mayor información sobre el uso y manejo de determinados elementos de la caravana.
En “El caravaning y sus cosas” nos gustaría hacer tanto un alegato a favor de la caravana -repasar algunos aspectos a tener muy en cuenta- y también como contar nuestras experiencias en la práctica del caravaning. Unas felices y otras... bueno, pues no tanto.
Hay importantes aspectos a tener en cuenta para un satisfactorio disfrute de nuestra caravana y que desarrollaremos a lo largo de este artículo, tanto prácticos como el conocer el consumo con la caravana, vigilar que el peso del conjunto coche-remolque no se desmande o montar un estabilizador de bola o electrónico como legales: disponer del permiso de conducir adecuado, el seguro de responsabilidad civil y de asistencia en carretera, la ITV oa la revisión del circuito de gas.
Y como la experiencia es un grado y las hemos visto de todos los colores a lo largo de los años, queremos aportar nuestro granito de arena para que las vicisitudes que nos han pasado por estos mundos de Dios, puedan ser de utilidad para todo aquél que se asome a esta web, especialmente si se es campista “practicante” o, mejor aún, si os estáis planteando sumaros al mundo campista. Ahí os dejamos, a un solo clic, tanto unas sugerencias para que la vida campista resulte más agradable - "Las buenas ideas" - como, de paso, contar también alguna que otra desventura de la que sacar lecciones en la sección "Aprendiendo a gorrazos".
El caravaning: un estilo de vida
Si nos gusta viajar y nos gusta hacerlo a nuestro aire, con grandes dosis de libertad, sin estar demasiado sujetos a reservas anticipadas y en contacto directo con la naturaleza y con la gente, el caravaning, ya sea en caravana, autocaravana o carro-tienda o tienda "a secas", es una de las maneras de viajar más recomendables, y más si cabe si hay niños de por medio. Los niños encuentran en el camping un lugar donde jugar con grandes dosis de seguridad y así, desde pequeñitos aprenderán a disfrutar de las ventajas del campismo, tanto si pasan las vacaciones en la playa o la montaña como conociendo lugares y países tan distintos al suyo que difícilmente hubieran podido descubrirlos de otra manera.
El campismo es, básicamente, una filosofía, una manera diferente de entender las vacaciones, los viajes y las relaciones personales. Y no rivaliza en absoluto con las vacaciones “de hotel”, que cada cosa sirve para lo que sirve. Sin embargo, hay bastantes personas ajenas a este mundo que, por puro desconocimiento, piensan que "eso de la rulot" es turismo barato, para gente con pocos recursos económicos.
Pero... ¿Están en lo cierto? Los campistas sabemos positivamente que no. El campismo ya hemos comentado que es una filosofía y, como tal, no entiende de clases sociales ni de bolsillos más o menos llenos. Cada cual, a su manera, vive y disfruta de las posibilidades que la tienda, la caravana o la autocaravana nos ofrece. Además en pocas actividades humanas se pone tan rápidamente de manifiesto la solidaridad entre campistas cuando alguno se encuentra en apuros. Y eso es verdaderamente genial.
Cada vez que tengo ocasión de explicar a algún neófito en la materia lo que es y significa el campismo, aparte de contarle las excelencias del “moverse por libre con la casa a cuestas" y todo eso, por si acaso, le hago también la reflexión de que el caravaning, de entrada, es mucho menos barato de lo que puede parecer a simple vista y que para nada es sinónimo de “vacaciones de pobre”.
Y es que con sólo pensar lo que cuestan las caravanas nuevas, por término medio, bien se podrían disfrutar muchos años de vacaciones “de hotel”. ¡Y ya no digamos si hablamos del coste de adquisición de una autocaravana! Y eso sin contar el coste añadido del gancho, de la ITV, de los seguros, del parking, el mayor consumo del vehículo, la necesidad de tener un coche potente, etc. a lo que hay que añadir los gastos corrientes del viaje: combustible, peajes, camping, comida y mil cosas más. Tras un argumento tan contundente, pocos continúan pensando que eso de “las vacaciones de pobre” se ajuste a la realidad. Más bien lo habitual es que su comentario sea...“Vaya, pues no lo había visto de esa manera".
A continuación la pregunta de esa misma gente, una vez “encarrilados” en el tema, suele ser – “¿Y qué es mejor, la caravana o la autocaravana?” Mi respuesta es, en estos casos muy diplomática, “Pues, depende de gustos, porque cada cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes”.
Y es que, como rezaba un slogan de un cartel publicitario en el que se veía una autocaravana con la familia tomando el desayuno en un paraje remoto, en ambos casos, “estés donde estés, siempre llevarás algo tuyo”. Y es cierto, porque no solo sabemos donde dormimos cada noche. ¡Es que es nuestra "otra casa"!
No obstante, teniendo en cuenta que somos caravanistas desde hace más de tres décadas, está clara cuál es nuestra elección, pero como a nosotros lo que realmente nos gusta es el campismo viajero, lo que menos nos importa es el modo de practicarlo, porque lo fundamental de verdad es poder disfrutar de lo que nos ofrece y de los amigos que se hacen por el camino. El resto de consideraciones las dejamos al gusto de cada cual.
Finalmente y como guinda, quisiéramos animar a todos los que alguna vez han pensado en iniciarse en el mundo del caravaning a probarlo –y aún no lo han hecho- que al igual que ocurre con la tónica, lo importante es liarse la manta a la cabeza y dar el paso al frente...
Aspectos prácticos
Conducir una caravana es fácil
Conducir una caravana es fácil. De verdad. Mucho más de lo que se cree. Si alguien lee estas líneas y aún cree que llevar una caravana es “un deporte de riesgo”, le animo a seguir leyendo. Soy un caravanista converso, lo confieso. ¡Es bien sabido "que no hay nada peor en este mundo que un buen converso"! Me encanta la caravana, qué le vamos a hacer. Es más, ¡Soy un ferviente partidario de la caravana! Pero no he sido siempre así. La mera idea de “circular arrastrando un caracol de esos” me resultaba inconcebible. Y no porque el campismo no me gustase, que no era eso, sino porque la perspectiva de circular “a ritmo de caravana” no me seducía lo más mínimo. Luego probé sus mieles y la costumbre hizo el resto. Ahora circulo a 80-90 km/h tan tranquilo.
Manejar una caravana sólo requiere suavidad al volante, porque hacerse a las reacciones del remolque y a sus dimensiones es cosa de pocos kilómetros. Enseguida se le coge el tranquillo. Es importante, al entrar en una rotonda o al tomar las curvas, abrirnos lo suficiente para que la maniobra pueda hacerse de manera segura, tanto para nosotros como para el resto de conductores. Eso y un uso suave del pedal de freno. Además, de unos años a esta parte, tanto el diseño de las carrocerías como de los chasis de las caravanas modernas incluyen una serie de mejoras que proporcionan una estabilidad en ruta nunca vista, permitiendo circular con una comodidad y seguridad increíbles.
Un elemento que no debiera faltar en cualquier caravana -especialmente en las de más edad- es el estabilizador "de enganche o de bola" que sustituye al enganche simple que todavía montan muchas caravanas. Para quien aún no conozca su funcionamiento, cabe simplemente indicar que es un aparato que sustituye al enganche original de la caravana y que incorpora dos ferodos o piezas de fricción que “aprisionan” la bola de enganche del vehículo tractor y mantienen la caravana mucho más sujeta, reduciendo ampliamente el riesgo de laceo, es decir, que la caravana empiece a zigzaguear de un lado a otro por un golpe de viento, el exceso de velocidad o por un brusco volantazo por el cruce de un animal, creando una situación de alto riesgo de accidente por vuelco. Su contribución a la seguridad compensa con creces su coste que, por otra parte, es más que asequible. Eso sí, recomendamos llevar siempre un juego de ferodos de repuesto por si, estando de viaje, se hace necesaria su sustitución.
Otro elemento importante de seguridad es el estabilizador electrónico. Si el estabilizador de bola reduce el riesgo de laceo, el electrónico -cuyo funcionamiento es similar al ESP de los coches- ayuda a reducir o eliminar el laceo una vez se ha producido, ayudando al conductor a controlar el vehículo. A diferencia del de bola, su montaje es más complejo y, al menos por nuestra experiencia, si no nos pasamos con la velocidad y somos prudentes conduciendo, especialmente cuando el viento de costado sopla en rachas, su instalación no es imprescindible. En su favor diremos que el que llevábamos en la Rapido nos ha sacado de algún que otro apuro por causa del cruce de un animal. Actualmente, nuestra Knaus tiene tan alto nivel de estabilidad que realmente no se lo echa de menos.
Caravana, motores y consumo
Disfrutar de una caravana tiene muchísimas ventajas, pero la gratuidad no es una de ellas. Arrastrarla tiene un precio. Y no desdeñable. Cualquier cosa que dificulte la marcha normal del coche aumenta el consumo de combustible y un remolque voluminoso, obviamente, ayuda lo suyo. Asumamos, pues, el coste de combustible como un mal menor y utilicemos todas las estrategias a nuestro alcance para lograr que el consumo durante el viaje sea el menor posible.
Dos son los factores que más influyen en el aumento del consumo. Uno, el factor aerodinámico y el otro, el peso de la caravana en sí. Y ello directamente relacionado con la velocidad. Circulando despacio, influye más el peso, pero a ritmo de marcha en carretera, pongamos entre los 80 y los 100 km/h toma la delantera la aerodinámica. La clave es encontrar el punto de equilibrio entre ritmo de marcha y consumo, que no es igual para todos los coches y caravanas, para que el consumo de nuestra amiga perjudique lo menos posible al sufrido bolsillo. No consume lo mismo un coche de gasolina, que un híbrido o un turbodiésel, siempre en función de la potencia de cada cual. ¡Y no es lo mismo tirar de un carro tienda, que hacerlo de una caravana de techo elevable u otra de doble eje!
Hoy por hoy los motores mejor adaptados para remolcar caravanas son los turbodiésel, que ofrecen mucho par a pocas revoluciones, es decir mucho empuje a velocidades bajas, que es el tramo de uso habitual en estas situaciones. Quizás el mayor problema actual, con la demonización del diésel y su cada vez menor oferta de mercado, es que a los caravanistas se nos complica la adquisición de un coche nuevo bien adaptado a esa tarea y que, por otra parte, disponga de una etiqueta medioambiental "Eco". Por ese motivo tenemos un Hyundai Tucson turbodiésel. Sus 136 cv de potencia son suficientes para mover una caravana de hasta 1.600 kg, con la ventaja de no tener problemas de entrada en las Zonas de Bajas Emisiones de las ciudades.
El problema de futuro es que, a medida que escaseen los turbodiésel o se les continúe imponiendo restricciones por razones políticas (hace solo unos años eran el colmo de buenos) y salvo que mucho cambien las actuales premisas, estamos abocados a la compra de un motor híbrido de gasolina, con sus ventajas para un uso en ciudad o solo con el coche, pero con no pocos inconvenientes a la hora de remolcar por las características tecnológicas de esos motores.
De entrada, es necesario que tengan capacidad homologada para remolcar caravanas de tamaño medio-grande (es decir, hasta unos 1.500 kg de MMA) un requisito que solo cumplen determinados modelos y motores de gama media-alta, lo que indica que no serán especialmente económicos de adquisición, pero el mayor inconveniente llega con el uso. Un motor híbrido aúna un motor térmico a otro eléctrico para sumar la potencia total y algo tan normal como subir pendientes largas supone un esfuerzo tan exigente al motor que enseguida agota la batería eléctrica. Entonces, el motor térmico de gasolina se queda solo para toda la tarea, lo que exige altas revoluciones y ello genera ruido, esfuerzo mecánico y alto consumo de gasolina. En fin, no hace falta ser un experto en la materia para concluir que el futuro no resulta muy alentador...
Y llegamos al tema del consumo... ¿Cuánto consume un coche con caravana?
Ya hemos apuntado que el consumo real de un conjunto coche-caravana dependerá de cada caso: tamaño y potencia del coche, tipo de motor y tamaño, peso de la caravana, orografía y densidad de tráfico de la ruta. Para no entrar en disquisiciones, hablaremos de nuestra experiencia con dos tipos de caravanas bien diferenciadas, remolcadas con el Hyundai Tucson: la "Rapido Club 390" de techo elevable, con 1,98 m. de altura y 2,10 m. de anchura, con una longitud total de 5,15 m. y un peso de unos 1.000 kg en orden de marcha y la "Knaus Sport 465", con sus 2,65 m. de altura, una anchura de 2,32 m. y una longitud de 6,95 m. y 1.300 kg.
Pues bien, con la "Rapido" obtuvimos unos consumos comprendidos entre los 7,5 y los 10,5 litros, con una media que rondaba los 8-9 litros, fruto especialmente de sus 1,98 de altura y una menor anchura que proporcionaba un tiro aerodinámico mucho más benevolente. El cambio a la Knaus supuso una gran mejora en otros aspectos, pero no en el consumo, como era de esperar. Siendo más alta, más ancha y más pesada, el consumo habitual ha aumentado un par de litros de media a igualdad de velocidad (entre 85-90 km/h). Con viento frontal fuerte y subiendo de la costa a la meseta castellana hemos llegado a picos de consumo de 13-14 litros, nada anormal, desde luego.
Como conclusión y teniendo en cuenta que en España los límites máximos de velocidad para coches con remolque están en los 80 km/h para vías convencionales y 90 km/h para autovías y autopistas, no solo hay que respetar tales límites porque lo dice la ley, es que con ello nuestro bolsillo también lo agradecerá. La prueba del algodón la tendremos con solo cruzar los Pirineos. En Francia, el límite de velocidad en autopista para las caravanas es de 110 km/h. Hasta no superar esa velocidad no se multará a nadie, pero probad a comprobar lo que aumenta el consumo circulando de manera sostenida a 100 km/h y no digamos ya, a 110 km/h, suponiendo que la marcha de la caravana sea segura y estable. Solamente lo he probado con la Rapido y puedo asegurar que el consumo subió, de media, un litro o algo más a los cien.
En términos de tiempo, circular a 100 durante una hora en lugar de hacerlo a 90 supone una ganancia de entre 6 y 7 minutos a cambio de gastar un litro más de combustible y exigir un mayor esfuerzo al motor. Que cada cual sopese si ello merece o no la pena.
Aspectos legales
El peso máximo de la caravana o MMA
Cualquier vehículo, en su ficha técnica, tiene indicada su Masa Máxima Autorizada (MMA), valor que indica el peso máximo en kilogramos que el vehículo puede transportar circulando a plena carga (pasajeros y equipaje), sin comprometer la seguridad. Es, por tanto, el límite de peso que no hay que superar una vez cargada la caravana con todos los enseres: ropa, comida, gas, etc. para no poner en riesgo la seguridad mecánica del remolque (suspensión, neumáticos, etc.) y la del conjunto vehículo-remolque.
Lo que ocurre en realidad es que superar ese límite es más fácil de lo que parece. Los fabricantes prevén, al homologar sus caravanas, un margen de kilos razonable entre el peso en vacío del vehículo (la tara) y la carga máxima autorizada para que el usuario pueda llevar sus enseres que tampoco comprometa en demasía sus objetivos comerciales, porque las caravanas con peso elevado tienen peor venta. Tales márgenes no suelen ser demasiado generosos, entre 150-250 kg en el mejor de los casos, lo que puede parecer mucho, pero no lo es. La ropa, la comida, los enseres varios (mesas, sillas, parasoles, etc.), el agua del depósito, etc. suman más de lo que se podría pensar a simple vista. Y si a ello le añadimos elementos de confort tan habituales como un toldo, un movedor y su batería, unas placas solares o el avancé, alcanzar el límite máximo de carga es muy, muy fácil.
¿Y qué hacemos, entonces? Lo primero, saber lo que pesa nuestra caravana con el equipamiento y enseres habituales. Para ello nada mejor que pesarla. En el mercado hay básculas para ese menester, con un precio razonable. La conclusión es lógica. Si estamos dentro del margen, miel sobre hojuelas. Si no, pues no cargar alegremente la caravana con cosas que no vayamos razonablemente a necesitar. Por ejemplo, si no vamos a usar el avancé, mejor dejarlo en casa. Si salimos un fin de semana no es necesario llevar ropa para tres meses. E igual para la comida. En casos drásticos de sobrepeso, la única solución, con todo el dolor de nuestro corazón, sería eliminar aquellos accesorios con demasiado peso: movedor, etc.
Y, por último, un recordatorio para aquellos propietarios que lean esto y tengan una caravana con una MMA inferior a 750 kg y, por tanto, sin obligación de tener matrícula roja. Recordad que vuestra caravana, una vez cargada, no debe superar los 750 kg, so pena de exponeros a sanciones o problemas con la aseguradora en caso de accidente. Así pues, mucho cuidado porque nunca pasa nada hasta que pasa...
La MMA y el permiso de conducir
Nuestra legislación autoriza a los poseedores del permiso de conducir clase B a manejar vehículos o conjunto de vehículos (tractor más remolque) que no superen los 3.500 kg de peso. Cuando ello no sucede, hay dos posibilidades: obtener el permiso B96, (que es una ampliación del carné B para llevar conjuntos de vehículos hasta 4.250 kg. de peso) o sacarse el permiso B+E, que autoriza a conducir vehículos con remolque hasta 7.000 kg. Quien quiera saber más sobre los tipos de permiso, mejor que recurra a la información de Tráfico.
En relación al permiso de conducir, lo que a los caravanistas nos interesa conocer, al comprar tanto un coche como una caravana, es si la suma de la masa máxima autorizada del coche y de la caravana supera o no los 3.500 kg.
Si solo tenemos el permiso clase B y el conjunto coche-caravana no excede los 3.500 kg (algo que con los SUV medianos actuales y una caravana de tamaño medio no es raro que suceda) no necesitaremos obtener la extensión B96. En caso contrario, tocará volver a la autoescuela y superar una prueba práctica con remolque en circuito cerrado y otra en abierto.
La MMA y la ITV
Las caravanas y remolques de más de 750 kg de peso están sujetas a pasar las inspecciones periódicas (ITV) a partir de los seis años desde la matriculación y, posteriormente, de manera bienal. Damos por supuesto que tanto las luces, el sistema de frenado o los neumáticos están en orden para obtener un resultado favorable. Ahora bien, hay que tener también en cuenta que la actual normativa obliga a inscribir en la ficha técnica la existencia de toldos extensibles fijos, placas solares, etc. Como la normativa en la materia es compleja, si pensáis que alguno de esos elementos no lo tenéis adecuadamente legalizado, informaros al respecto y tomad las decisiones oportunas.
Un aspecto importante al pasar la ITV es el del peso de la caravana, porque la pesarán. Y hacen bien. Así que, aún no superando los límites, siempre es recomendable acudir a la ITV con la caravana lo más ligera posible. Dejad en casa la ropa, los utensilios y todo aquello que no forme parte estrictamente del vehículo. No hay ninguna necesidad de comprometer el resultado de la inspección por algo tan simple.
Los seguros de la caravana
Hagamos un juego de palabras tontorrón: para conducir seguros una caravana es necesario que la caravana tenga seguros.
Coñas aparte, dos son los seguros que toda caravana, con matrícula roja, ha de tener: el de responsabilidad civil y el de asistencia en viaje. Y quien quiera asegurar los daños propios, es decir, a todo riesgo, pues otro seguro más a la guantera.
En cuanto a la responsabilidad civil es importante que el seguro cubra los daños que la caravana pueda causar, tanto en circulación como estacionada. Ese es un aspecto que no todas las aseguradoras contemplan y que a mucha gente le pasa desapercibida. Pensemos que una caravana tiene cocina y un equipo de gas, que son los elementos que más fácilmente pueden causar daños a personas y cosas. Un incendio, una explosión...; hay otro riesgo menos frecuente, pero no imposible. Una caravana estacionada en una camping en pendiente podría, en según qué casos, deslizarse de su posición y chocar, por ejemplo, contra otra caravana. En suma, aseguraos que el seguro de RC cubre los riesgos en parado.
En cuanto a la asistencia en viaje, la caravana tiene que tener el suyo propio en caso de accidente o avería. El caso más típico y que hemos sufrido en nuestras carnes es el de la rotura de un rodamiento, pero pueden pasar mil cosas más. Lo que sí es fundamental es que el seguro de asistencia en viaje de la caravana cubra su remolcaje a un camping o lugar seguro en caso de que el coche sea el averiado, no la caravana. Este es un detalle importante y que no todos los seguros contemplan.
La inspección del gas
La instalación de gas de una caravana o autocaravana debe revisarse cada 4 años. Tener calefacción, agua caliente y gas en la cocina es una gran comodidad, pero también conviene que sea segura. Aunque la normativa al respecto no parece muy clara, es conveniente por nuestro propio interés y seguridad tener la inspección al día. La revisión controlará la duración de las gomas y vigilará si hay fugas en el sistema o si la combustión es correcta. Ya sabemos que las fugas de monóxido de carbono son mortales.
Vale la pena solicitar la inspección a un técnico autorizado y vivir tranquilo y a salvo de posibles problemas con la aseguradora.
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