La web amiga para viajar a tu aire
Kilómetros de experiencia viajera y campista a tu alcance


Nadie nace enseñado, esto es evidente. Y hay que aprender de todo y de todos. Y el mundo del caravaning no es una excepción. De todas maneras a lo largo de estos años, en los que la veteranía es un grado, hemos ido aprendiendo muchas cosas y muchas de ellas... ¡A gorrazos! 

Algunas en carne propia y otra, en piel ajena. Así que hemos pensado que si os las contamos, brevemente por supuesto, seguramente que dicha información podrá ayudar a alguien a evitar tener que pasar por un trance similar. Veamos a continuación algunas de las más graves...

  • Rotura de rodamiento
  • Rotura de cabezal
  • Rotura de ventana
  • Avería de la cerradura
  • Avería de la bomba de agua
  • Rotura de la bola de enganche


Ciertamente, las hemos visto de todos los colores a lo largo de los años, aunque de todos hemos salido airosos, con mayor o menor fortuna, que todo hay que decirlo, aunque probablemente la avería más grave que puede sufrir una caravana es la rotura de un rodamiento, pero no la única...

Rodamiento K.O.

El rodamiento de una caravana es una de las piezas clave de su sencilla mecánica. Ciertamente, con los años la técnica y el diseño han evolucionado y hoy en día los rodamientos de las caravanas modernas son muy resistentes y, bien mantenidos, con engrases periódicos en función del kilometraje anual que hagamos, teniendo cuidado con el peso de la caravana en orden de marcha y sin excedernos en la velocidad, podremos disfrutar de nuestra amiga sin padecer una rotura de rodamiento que eche al traste el viaje y que puede llegar a tener serias consecuencias.

El rodamiento de una rueda no es otra cosa que una pieza de acero, que tiene en su interior bolas o rodillos de acero que permiten que la rueda gire sobre el eje con una mínima fricción y resistencia. Situado dentro del buje del eje, bien cubierto de grasa, soporta el peso del vehículo y facilita el giro de las ruedas, facilitando la marcha y evitando que se sobrecaliente todo el conjunto. Hay varios tipos de rodamientos para ruedas de vehículos. Los más habituales en el caravaning son los cónicos y los compactos, más resistentes. Los muy manitas y aficionados a la mecánica pueden animarse a mantenerlos engrasados o, incluso, cambiarlos. ¡Los que no, para eso están los talleres mecánicos!



La rotura se produce por exceso de calor dentro del tambor de freno, que es donde va alojado el semieje de la caravana y el rodamiento. Una velocidad excesiva, unida a una falta de engrase, pondrá en jaque al rodamiento. Si bien no todos son iguales ni tienen igual resistencia a la fricción. Cuanto más antigua sea nuestra caravana, más atención deberemos prestar a sus rodamientos. La manera fácil de saber, al menos a priori, si un rodamiento empieza a flaquear, es elevar la rueda y hacerla girar. Si no hay ruidos de fricción, buena señal. La otra maniobra de comprobación consiste en agarrar la rueda con ambas manos e intentar moverla de delante a atrás, sin girar, como si la sacudiéramos de un lado a otro para advertir si hay alguna holgura. Si la hubiera, ¡Salid pitando al taller más cercano!

Con la Rapido nos tocó pasar por ese doloroso trance. Hay que tener en cuenta que su chasis es bajo, con llanta de 13 pulgadas de diámetro, y los rodamientos cónicos soportan, en proporción, un importante peso de la carrocería, que exige bastante de ellos. Si hacéis largas etapas de autopista, es conveniente que vigiléis periódicamente la buena salud de los rodamientos. Más allá de los 20.000 km conviene ir pensando en sustituirlos por unos nuevos a poco que advirtáis el más mínimo indicio de funcionamiento errático.

Lo que sin duda es una excelente idea para minimizar los problemas es llevar siempre en la caravana un juego completo de repuesto de rodamiento (o mejor, dos). Ante el más mínimo indicio de holgura, posible rotura o ante una rotura consumada, si llevamos el repuesto con nosotros, solo tendremos que buscar un taller que nos lo pueda cambiar. Son piezas específicas que no se encuentran fácilmente y de la que habitualmente no dispondrá el taller. Entre sufrir unas horas o varios días de parón técnico esperando a que llegue la pieza, la elección es clara. Y ello no solo ahorrará tiempo, también dinero. 

Así queda la rueda tras la rotura de un rodamiento. Se puede apreciar claramente que el semieje está descentrado, que la grasa ha salido disparada, manchando la llanta y el tapón del semieje se ha desprendido. Si lleváis un tapacubos embellecedor, el tapón de aluminio quedará atrapado entre la llanta y el propio tapacubos, lo que seguramente evitará perderlo. Sin embargo, quienes no llevéis un embellecedor en la rueda pensad en llevar también el tapón de aluminio adecuado porque es otra de las piezas fundamentales para que todo ruede de perlas.




Cabezal K.O.

Aunque parezca mentira es increíble la cantidad de campistas que suben alegremente a la caravana sin tener las patas bajadas o, al menos, la rueda jockey.  Sobre todo en las áreas de descanso. ¡Los hay que, incluso, se sientan a comer!

Pues bien, el riesgo es que con esas prácticas tan poco recomendables pongan en serios aprietos la resistencia del cabezal de enganche. Lo hemos visto con nuestros propios ojos en la caravana de unos amigos. La solución es fácil... ¡Prohibido subirse a la caravana sin bajar, cuanto menos, la jockey! Y eso si solo es un instante para coger algo puntual. Si necesitamos subir en la caravana para un rato largo, entonces mejor bajemos las cuatro patas. Esa pequeña molestia compensa con creces un riesgo de rotura que puede llegar a ser fatal en caso de accidente.

Ventana K.O.

Que se rompa una ventana de la caravana o autocaravana estando de viaje es menos raro de lo que pueda parecer. No es necesario que alguien la fuerce y parta para entrar a robar. Ante nuestros ojos, en Potes, una caravana que entraba en el camping calculó mal la distancia –la anchura del vial tampoco era como para tirar cohetes- y una de las ventanas laterales se enganchó con una farola, arrancándose casi de cuajo.

Ante un desaguisado de este calibre y mientras no podamos proceder a su reparación o sustitución ¿qué podemos hacer? Pues llevar siempre en la caravana un trozo de plástico, lo más fuerte y resistente posible, de tamaño suficiente para cubrir, por lo menos, el ventanal más grande. De esta manera, junto a un rollo de cinta americana, podremos cubrir el hueco y continuar viaje hasta que podamos solucionar el problema definitivamente. Así de fácil.

Cerradura K.O.

Eso precisamente nos sucedió de regreso del “viaje inaugural” de nuestra flamante “Rapido”. Paramos a descansar en una área de descanso y al ir a cerrar la caravana, la cerradura se negó a bloquearse. Algo en su interior se había deformado y no había manera de que funcionase correctamente.

El problema fue llevadero porque dio la casualidad de que volvíamos a casa cuando pasó el desaguisado y la tenemos guardada en el garaje, pero si eso mismo nos hubiera sucedido en mitad de un viaje el problema hubiera sido bastante más peliagudo pues la caravana hubiera quedado abierta.

Evidentemente no es fácil encontrar una solución “de urgencia” a un caso como este sin dejar la caravana o autocaravana sola, claro.

En nuestro caso, al estar en garantía, el concesionario nos hizo llegar una cerradura de repuesto, aunque “el efecto secundario” que ha quedado es que desde entonces ya no es posible utilizar la misma llave para todas las cerraduras de la caravana. 

Sin embargo, como se "aprende a gorrazos", desde entonces también llevamos una cerradura de repuesto, por si se nos vuelve a plantear el problema, aunque nunca nos ha vuelto a hacer falta. Pero lo cortés no quita lo valiente y siempre es una buena idea, siempre que el sistema de cerradura de la caravana lo permita, llevar una de repuesto. El coste es mínimo y si nos quedamos un tiempo sin poder cerrar nuestro elemento de acampada, el problema sí que nos puede salir muy, muy caro.

Bomba de agua K.O.

La bomba de agua de la caravana/autocaravana es otro de esos elementos indispensables de los cuales uno se acuerda de "Santa Bárbara solo cuando truena". Quedarnos sin bomba de agua significa no poderse asear, no poder usar el grifo de la cocina o, en algunos casos, el WC químico. Una faena, vamos. 

No es algo que se averíe con facilidad, pero también se queman y hay que sustituirlas cuando corresponde. Encontrarlas puede ser una tarea complicada dependiendo donde estemos. Si llevamos una de repuesto, podremos cambiarla nosotros mismos (especialmente si previamente la hemos equipado con conectores de quita y pon que nos faciliten la tarea). Si no, algún taller lo hará por nosotros. Con la pieza de repuesto de la mano, todo es más sencillo.

Bola de enganche K.O.

Una de las averías más graves y también más raras que hemos sufrido sucedió en un ya lejano 1997, cuando teníamos el Toledo y la Krause, pero también uno de los más afortunados. Veréis porqué. 

Como la caravana era pequeña y ligera, camino del Canal de la Mancha, decidimos entrar en Brighton (Inglaterra) para contemplar el magnífico "Royal Pavillion", el palacio de estilo indio que en 1787 el futuro Rey Jorge IV, siendo entonces Príncipe de Gales, mandó construir. Eso, paradójicamente, nos salvó de un gravísimo accidente.

Al entrar en la ciudad y circular despacio empezamos oír un "ñigui-ñigui" que venía de atrás. Detuve el coche y, visualmente, entre el coche y la caravana no se veía nada extraño. Continuamos rumbo al "Royal Pavillion" y el ruididito seguía sonando. Paramos justo enfrente del palacio. Al sujetar con la mano el enganche para comprobar que estaba todo bien, con estupor comprobé que aquello se movía más de la cuenta. Una inspección ocular de la bola me puso los pelos como escarpias. ¡Se había rajado y estaba a punto de partirse! 

La bola de enganche era del tipo en el que la bola va atornillada a una placa base que, a su vez, va atornillada al bastidor, más o menos parecida al de la foto, pero no igual. Aún seguimos sin saber el motivo de la rotura. 

La placa había empezado a rajarse y la bola tenía ya una considerable holgura. Estuvimos, por tanto, expuestos a perder la caravana por el camino... 

La suerte quiso que entrásemos en Brighton y detectásemos la avería. Aunque ese episodio sucedió por la mañana, el Reino Unido estaba de luto y estaba todo cerrado... ¡porque se celebraba el funeral de Lady Di!

Afortunadamente la grúa de emergencia funcionaba y nos llevó a un taller. En principio se negaron a reparar la avería. Esa noche teníamos que cruzar el Canal y era imprescindible que nos soldaran la grieta de la pieza para poder regresar a casa. Después de insistir insistentemente -ventajas de hablar el idioma- logramos que nos reparasen el enganche lo suficiente como para permitirnos llegar a casa. Eso sí, previa firma de una declaración de exoneración de reponsabilidad por parte del taller. El viaje tuvo, pues, final feliz. Al llegar a España, comunicamos el incidente a la fábrica del gancho -que aún está alucinando pepinillos- y que, muy amablemente, se hicieron inmediatamente cargo de la reparación. Nos remitieron a un taller que nos montó el enganche nuevo y ellos se quedaron el estropeado para estudiar el motivo por el cual aquello pudo romperse. 

En fin, la conclusión es que, aunque ese incidente tenga mucho de excepcional, conviene revisar periódicamente el estado del enganche porque nunca está de más ser precavido...

En suma, esperamos que ese breve repaso a algunas de las situaciones más problemáticas que pueden tenerse con una caravana, que no las únicas, pueda ayudar a evitar riesgos y problemas mayúsculos. ¡Suerte!