La web amiga para viajar a tu aire
Kilómetros de experiencia viajera y campista a tu alcance


Los sueños se hacen realidad

Me gustan los coches. Me encanta la Fórmula 1 y me gusta la competición automovilística. Desde siempre. De niño ya me volvía loco todo lo que tuviera cuatro ruedas. Los cochecitos de juguete, las maquetas, los modelos a escala. Y, cómo no, el Scalextric. Y, a pesar de los años, la afición continúa.

Hace ya tiempo que decidí aunar mi gusto por los viajes, por la escritura y por el mundo del automóvil. Y me animé a llevar a cabo una idea que me rondaba largo tiempo por la cabeza. ¿Por qué no visitar los más importantes museos del automóvil por toda la Vieja Europa y contarlo con todo lujo de detalle? Afortunadamente la vida ha sido generosa conmigo y me ha permitido hacer mi sueño realidad. He podido visitar los mejores museos del automóvil de Europa y la lista sigue creciendo. 

Los museos Mercedes, Audi, Porsche, Matra, Ferrari, Lowman, Brooklands, Peugeot, BMW o el del Príncipe Alberto de Mónaco, entre otros, se encuentran entre ellos.

No podía faltar, por supuesto, el fantástico Museo Fernando Alonso o los reportajes de eventos tan memorables como el "Festival de la Velocidad de Goodwood" -posiblemente lo más de lo más-, el Museo de las 24 horas de Le Mans o el maravilloso "Manoir de l'Automobile" de Lohéac.

Tengo aún muchos otros museos esperando turno para ser escritos, pero mientras podréis "visitar" algunos de los más afamados que un día escribí para la otra web y que encontraréis clicando en cada uno de los países...


La Fórmula 1 y yo

Me sumé a los seguidores de la Fórmula 1 en 1973, siendo un chaval, en la ya muy lejana época de Jackie Stewart y Emerson Fittipaldi, cuando en España la F1 era cosa de muy pocos. Y lo hice de la mano de la mítica revista "Fórmula" y del maestro Javier del Arco. Y también de la mano de la revista francesa "Sport Auto", con las magníficas crónicas de Gérard Crombac y José Rosinski, invirtiendo parte de mis propinas juveniles en la adquisición de ambas revistas. Y así, de esa manera tan insólita y amena aprovechaba el buen francés que me enseñaron en el colegio unos estupendos profesores, a quienes estaré siempre agradecido porque la herencia de todo aquel aprendizaje - con el concurso de algunas cosillas más de mi propia cosecha- es lo que hoy me ha permitido estar en condiciones de poder discutir con soltura -sólo si es estrictamente necesario- en la lengua de Molière. ¡Para que luego algunos digan que el colegio y la Fórmula 1 no sirven para nada!

Y, desde "aquellos lejanos entonces", no he dejado de seguirla en ningún momento. Era la época de Emilio de Villota, cuando el simple hecho de tener un participante español en la F1 era ya motivo de enorme satisfacción. Incansable al desaliento he seguido fiel "a la máxima disciplina del motor" hasta que, con la llegada de Fernando Alonso, y después Carlos Sáinz, por fin tuvimos todo un campeón del mundo y un piloto de los que hacen época. El camino iniciado por los Portago, Godia, Soler Roig, Villota, De la Rosa o Gené llegaba a la cima con Alonso.

No hay afición sin épica y desde el comienzo "yo iba" con Jackie Stewart y su Elf Tyrrell 006 en sus duelos con Emerson Fittipaldi y su precioso Lotus 72 negro y dorado de John Player Special. De aquella TV en blanco y negro de 1973 recuerdo con infantil satisfacción el doblete de Stewart y Cevert en el mítico Nurburgring. ¡Aunque cueste creerlo la tele de entonces daba algunas carreras de F1 en directo! Aunque fuese a cuentagotas.

Desde entonces siempre he guardado un cariño especial por el equipo de Ken Tyrrell. De hecho tengo todos los coches del equipo en miniatura. Así pues, la semilla germinó y mi interés por el mundo de las cuatro ruedas, de calle y de competición, fue creciendo con las suscripciones a revistas del motor, lamentablemente la mayoría ya desaparecidas: "Automóvil", "Grand Prix", "F1 Racing" o "Autopista", que sigue resistiendo el paso del tiempo.